El esquimo, de Manuel Bohórquez Casado¿Quién me manda soleares para dormir? Es la pregunta que me hice cuando leí a Manuel Bohórquez en Twitter bajo el hashtag #Soleáparairseadormir.
Encontré aquellas soleares una noche de pura, purísima, bendición. Las hice mías. Hasta tuve celos de aquellas letras que sus seguidores de Twitter acaparaban con ansiedad y retuiteaban como propias. Leer sus octosílabos de tres en tres versos o de cuatro en cuatro se convirtió en una nana. Nanas a compás en una mesa imaginaria que él golpeaba suavemente con su mano. Undostres undostres cuatrocincoseis sieteocho nuevediez oncedoce. Ya puedo dormir. ¡Perfecto! ¡Delicioso! Acunada entre amargura, alegría, pena, entusiasmo, dolor, amor, amistad… de todo cabe en sus soleares.
Lo mismo te lleva al Campo Santo que al Puente de Triana. Tira los besos al mar y luego los coge con una caña de pescar.
Lo mismo se muere de amor que lo hace despasito y a compás.
Te lleva a Almensilla o Mairena pasando por Arahal.
Me dejó llorando alguna vez y sonriendo de gozo otras.
Se fue dejando el alma noche tras noche. La regalaba generosamente en cada letra. Así, para ti. Y para ti, ésta. Aquella no la regales, Manuel. ¡Guárdala! Que te vas a arrepentir. Nada, que no puede.
Allá va…
Hasta que se quedó vacío. Completamente. Roto. Así hay que quedarse, ¿verdad?

Más tarde escribió El Esquimo, un libro que prueba lo que viví en directo. La capacidad de algunos seres humanos de entrega. De apasionarse. De amar su oficio más que a su vida.

La demostración de que las Soleares no son un palo más. Nunca. Desgarran al cantaor y dejan hueco al compositor.
Lo siento, Manuel. Me quedé con parte de tus entrañas y no pienso devolvértelas.
Lo especial de su libro está entre compases, entre verso y verso, entre Manuel y Manolo. Entre el hombre, el flamenco y el poeta.

Y aprendí a escribir soleares…

#Soleáparairseadormir
Que me duerman como nanas/
como si fueran mi madre/
tus soleares del alma.