Publicado en XYZ

No te perdono. No hay derecho a hacer lo que has hecho con las mujeres de este país que llaman España; la verdad es que no sé ni por qué se sigue llamando España. No le pega ya nada. Pero al lío… Nos has dejado de sentimentales, de ardientes, de “por ti me muero por mucho que pase el tiempo”, de gilonas, blandengues, chochilacias, exhibicionitas, tonta erjigo… Mira que intentar besar en público a Bisbal… So zo… Y mira que el otro no dejarse… So ma… Ay, Chenoa. ¡Cuánto daño por doquier! ¡Cuánto mal después de esta dura batalla feminista sin feminidad alguna! (¿Esto es una redundancia o una contradicción?) En un segundo, ¡zas! Madame Curie hecha trizas. Tanta labor podemita luchando por nuestro orgullo y nuestro “ese”. El “ese” que sacaron en un paso de Semana Santa caduca y obsoleta de miles de fieles que gritan aquello de “cuando tú vas yo vengo de allí”, de La Campana a La Alfalfa; si puedes con la bulla tan minoritaria, claro. Ya estábamos aprendiendo a hacer nuestras necesidades más íntimas en la calle contra una tapia, ¡libertad!, y vas y te tiras a los labios de un hombre llena de dulzura, cariño, pasión, amor… tan mujer… Todo por un beso. Porque la española cuando besa, es que besa de verdad. Por mucho que ahora la moda sea hacerlo con frivolidad.

No te perdono, Chenoa. Porque contigo vibré, Chenoa. Porque amo a Bisbal. Porque una cobra vale más que mil palabras.

Y como la ironía me cansa y esto no da para más me voy al Parque de María Luisa, a la Glorieta de Bécquer. Máximo exponente del amor y el beso deseado. Tres eran tres y ninguna era buena: el amor pleno, el amor perdido y  el amor ilusionado. Tontadas de poetas.

¡Míralas!, la misma carita en tres fotogramas de una cobra.