Publicado en XYZ

Pasó de Luis Miguel a Luismi.
El abecedario tuvo la culpa. Entre l y m iba Martín Rubio en preescolar y eso le dio sus dos primeros amigos, Félix Losada Vieira y Manuel Martín Urbano. Aún comparten pupitre. Después, una interminable lista que lo llaman por su diminutivo. Él se presta a ello nada más ver su “sonrisa hispalense”, en letras de Navarro Antolín, y ellos aprovecharon la comodidad.
Para hablar de este prestigioso abogado hay que empezar por hablar de la amistad, sin remedio. Debe tener unos 7.831 amigos “confesos”, no existen inconfesos. Esto me impresiona más que su currículum, tan exquisito como extenso, e intento ir a por un Google lleno con su nombre. Notas de prensa, entrevistas, pregones, conferencias… Delante tengo un gran orador. A su última conferencia la llama Charlas sobre el sentido común. El menos común de los sentidos, dicen. Doy al intro y hurgo con la flechita blanca. Algo curioso ocurre entonces. Si pincho su carrera de Derecho y pregunto acaba hablando de las amistades, si seguimos por sus largos años de profesor termina hablando de los amigos. Igual en sus trabajos en Ernst & Young, Sánchez-Ramade, Cajasur en Córdoba, Presidente de Agesa, Vicepresidente de la Sociedad Cartuja 93, Concejal del Ayuntamiento… Él termina en las personas. No sé ya ni si se da cuenta. Y le brillan los ojos mientras susurra: “no tengo tiempo de verlos todo lo que yo quisiera”. Lo último de su currículum googleriano es Ontier, un “despacho global con alma local” en plena Castellana madrileña. La sensación al pisar su silenciosa moqueta es que va a aparecer Bond, James Bond, en cualquier momento vestido de esmoquin. Y yo con estos pelos y mi cámara al cuello… Pero en segundos siento una cordialidad real entre ordenadores, Aranzadis, Códigos, enormes cristaleras, sillones de cuero, abogados, secretarias… y eso que llamamos ambiente no es que se respire como bueno, es que tiene hasta buen olor. Personas. Socio deAdolfo Suárez Illana, presidente de Ontier, pero al nombrarlo vuelve a ocurrir lo mismo, amistad. Este despacho es su nuevo reto, su nueva ilusión profesional. Pero él recuerda y sabe mirar atrás. La inteligencia se mide y aquí falta metro. Inteligente es aquel que jamás olvida lo que debe ser obligatorio recordar. Una fecha, 14 noviembre de 1993. La llamada de Alberto Jiménez-Becerril para que se incorpore a su equipo del Ayuntamiento de Sevilla cambia su vida. Concejal de Seguridad Ciudadana del Partido Popular. Reconoce la oportunidad de aprender que le ofreció Soledad Becerril, otra amiga. Entonces noto que su cabeza empieza a dar vueltas, cambia el tono de sus palabras y hasta el color de su piel. Alberto y Ascensión. Sus asesinatos le precipitaron la vida y confiesa: “con 36 años de repente tuve 60”. Tres rosas como tres soles junto a ella en la noche, una cita el 31 de enero que Luis Miguel no ha permitido que destrocen y mantiene como un ritual…y vuelven a brillarle los ojos. Creo que aquel día su grupo sanguíneo se transformó, ya es de esas sangres extrañas que vuelan por las venas. El día de su antes y su después. Pero un hombre como él sabe la importancia de las sonrisas. Tengo la sensación de que le satisface exageradamente ver caras alegres y arremete con anécdotas que le proporcionaron aquel trabajo. La del gorila que se escapa del circo en plena Feria de Abril y buscan por el Parque de los Príncipes antes de que aparezca en el Real abarrotado de feriantes. Imagina al mono entrando en una trastienda y alguien comentando “Illo, acaba de entrar tu cuñao”. La de “las carcelitas” que instalaron en una caseta de la Feria para encerrar a los maleantes feriantes y cuyo artista constructor colocó los cerrojos por dentro. Los “chorizos” se encerraban y abrían a sí mismos. “Anda, quita el cerrojo que vienen a llevarte a comisaría”. Alguno con la tajá no quería ni salir. Seguro que aquellos que le hayan escuchado contar sus historias sonríen ahora, memorables. Anécdotas con Lopera, la cabra de San Pedro, el pico de su famosa americana, la detención de Lorenzo Serra Ferrer… Interminables batallas que su humor y risa fácil hacen que mis carcajadas sean incontrolables. Esta mezcla “fabricada” por un padre sevillano y una madre Madre neoyorkina no tiene límites. ¡Por Dios! Como New York está lejos lo sigo hasta Sevilla, donde el compadreo tampoco tiene límites y donde seguir sus pasos provoca lindos beneficios a eso tan de moda de la empatía. No hay más que observarlo.
Ir por la calle con él es dar chicotás. Parón tras parón, de amigo en amigo. Alguno hasta le “canta” una larga saeta que escucha con cariño y respeto. No vayas nunca a su lado por la calle Tetuán, los jugos gástricos gritan oliendo a adobo sin poder avanzar como en una buena bulla. ¡Qué barbaridad! Otro amigo más y me siento ya maniguetera de la Macarena, mejor de La Paz. Le gusta el día, la luz. Su precioso Domingo de Ramos.
Suspiro y pregunto a bocajarro si se considera un capillita sevillano. “Soy hombre de profundas creencias”. Cuando la muerte no lleva el orden cronológico natural, como ha ocurrido en su familia, esa profundidad se siente en las personas. Las creencias religiosas ayudan a su alma.
¿Capillita? Me gusta vivir las tradiciones, Pilar“. Y una gran frase:
Me gusta todo lo que hace elegante a Sevilla“.
Amén.
Eso sólo lo dice alguien elegante y allá va el caballero. Aquello de que tras un gran hombre siempre hay una gran mujer no me sirve ante él. Sus palabras hacia su esposa Mercedes acaban de destrozar esta frase hecha. Una mujer que pone muy por delante. “No es que me apoye, me ayuda en todo, en todo“. Su 95% de naranja, sin complejos y con agradecimiento. La madre de sus niñas y su pequeño Armao de la Macarena, Luis. ¡Y viva el Betis! Los que en la Plaza del Cristo de Burgos, allí cerca de Santa Ángela, no esperan. Van con él.
Me cuesta un verdadero esfuerzo acabar de escribir este diálogo, podría ser larguísimo y correr el riesgo de convertirme en la Wikipedia. Muy a mi pesar elijo para terminar, entre risas, el recuerdo de un verano en Las Salinas, Islantilla. Un campeonato de padel de diez horas llamado La Melva Canutera. Dos reglas para participar: no quemar el césped con los cigarrillos y no llevarse la red. Imaginen lo que a unos sesenta participantes se nos ocurrió para disfrutar entre amigos. De todo hubo. Poco deporte, la verdad. Mil risas y un solo lema magistral:
“El afán desmedido de triunfo es motivo de descalificación inmediata”.
Como en la vida, Luismi. Como en la vida…
¡Adelante!

Luis Miguel Martín Rubio en Ontier