Publicado en XYZ

Sacar un Bic ante él sería como cantar ante Pavarotti, una osadía. Me apaño como puedo con notas en el móvil y confío en mi memoria. Me da igual si escribe fino o escribe normal. Pero no pienso usar el boli, ¡ni loca!
Es el autor de los retratos en el programa de Bertín Osborne. Una preciosa rúbrica a tinta para terminar unas entrevistas tan especiales. Pero la televisión centrifuga el arte, porque en un rectángulo hay personas que no caben; y me atrevo ahora en un difícil intento de plasmarlo en letras.

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Arquitecto, poeta, compositor de canciones, solidario comprometido…

Me siento junto a Javier en su precioso estudio de arquitectura. Tres plantas organizadas para el trabajo bien hecho. Previamente un abrazo tan cordial como su apariencia, encantador. Hay paz en su rostro.
Mis ojos miran sus manos mientras juegan con cualquier objeto que haya sobre la mesa. Me parece de esas personas que llevan el nervio solo por dentro, su exterior relaja. Quizá la palabra que mejor lo defina sea cálido, por mucho que pinte en azul.
Comenzamos hablando de sus dibujos, pero los dejamos rápidamente a un lado hasta el final.

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Mi intuición, la que siempre me guía, me lleva a encontrar lo que imaginaba, ¡escribe poesía! No podía ser de otra forma. Entonces… vamos a por ella. Un poeta musical, un compositor de sones en versos, de versos en sones , dos caminos para llegar hasta bellísimas canciones. Javier escribe desde niño, y me planteo si viene antes el Bic en sus dibujos o en sus letras. Empiezo a confundir los trazos.
Descubro que es el compositor de “Sevillanía” y afloran sus versos :”Tengo algo en el alma y no sé qué es. Lo voy derramando por esta vida… Cuando yo me voy de mi ciudad… es sevillanía, sevillanía”. Los del Río cantaron su poema para Sevilla. Y ya saben cómo son Los del Río, una combinación perfecta para los oídos.

“Compongo canciones y sus letras , eso quizá sea lo que escribo. Muchas veces son poesías que convierto en canciones y otras veces melodías que se me ocurren, a las que añado después letra. Pero todo muy natural, la que me da el tono es siempre mi mujer, toca muy bien la guitarra.”

Escuchamos sus canciones mientras leo sus versos en viejos papeles que conserva doblados, llevan los pliegues del tiempo. Otro poema me emociona, “Vuelve”. “En el azul del cielo de un parque cualquiera, revuelos de palomas, me han dicho que vuelva… vuelve a La Giralda… vuelve a tus entrañas.”

Él sigue recordando en voz suave momentos en la música. Suena un disco de villancicos que grabaron junto a muchos artistas sevillanos entre los que nombra “Siempre Así”, otros que visten y calzan Sevilla con elegancia. Hasta villancicos entona la familia Jiménez Sánchez-Dalp.

“Fuimos a un programa de televisión con ellos. Fue algo entrañable. Toda la familia. Aquel disco se llama Navidades de Arte.”

Claro… la familia. Dale, Javier. Él mismo la define como una familia incondicional, gran adjetivo le ha puesto a la sangre. Doce hermanos dan para mucho amor de ida y vuelta. Una familia que va más allá de la consanguinidad, un remolino de personas que le acompaña a compás. Una madre de Aracena, un padre de Alosno, guitarras, cantes, panderetas, poemas… ¡Huelva! Me cuenta que su padre, con más de noventa años, se arranca aún con la garganta rota al escuchar rasgueos. Parece que los veo, un manojo de artistas que puedes agarrar de una sola vez. El arte ya le rondaba a Javier desde siempre y desde antiguo por los genes. Según su madre la “culpa” fue de su tío bisabuelo, Miguel Sánchez-Dalp, dueño del desparecido Palacio de la Plaza de Duque, que ya esculpía en el taller de Susillo. Quizá por ello ya dejó las mieles en las manos de Javier. No sólo dibuja y me enseña sus esculturas. ¿Es que este hombre no tiene fin? No es que sea polifacético, no. Es una continuidad bien enlazada apuntando a un mismo lugar, el arte.

Y entre arte y arte las creencias religiosas. Un pilar fuerte para este arquitecto, de hormigón bien armado. Y sobre esos cimientos posa la solidaridad y la amistad. Esta sigue oliendo a pupitres del Claret. Con aroma de infancia nombra amigos sin dejar ni uno en su tintero, nunca mejor dicho. Nos entretenemos en uno que tenemos en común los dos y este periódico, don Eusebio León. Su también hermano de la vida.

“Eu ya escribía de jovencillo las crónicas de los partidos de futbito que echábamos los amigos. Eran geniales.”

Unas crónicas que Javier sigue conservando de puño y letra de su autor. Noto que conservar es algo que le da puntos de apoyo a su vida.

Y pasamos a su otra pasión.

“Estudié arquitectura de los Mundiales a la Expo. Paré mis estudios unos dos años para trabajar en las obras de la Cartuja, había que aprovechar la oportunidad que ofrecía Sevilla. Fue una época maravillosa para la ciudad. Luego terminé la carrera. Tuve la suerte de dar con el Hermano Juan de Dios Orquín, mi maestro en arquitectura hospitalaria. Realicé el proyecto de La Ciudad de los niños de San Juan de Dios. Entonces me fui a Madrid para hacer un máster y especializarme en este tipo arquitectura.”

Me enseña los planos del proyecto del nuevo Hospital San Juan de Dios en Sevilla, ya en construcción. Impresionante envergadura que contrasta con las fotos que vemos, en una de las pantallas de su despacho, del mismo hospital en Camerún. Allí el hormigón se transforma en madera. Y las necesidades se hacen más necesarias. La solidaridad hecha cierta, la de Javier. Su exposición “África a bolígrafo” recauda itinerante todo lo posible para seguir semejante labor.

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“Están proyectados 10 módulos de 300 m2 que compondrán el futuro hospital y solo llevamos tres construidos . Queda mucha tarea por hacer y mucho por construir allí.
En el puente de la Inmaculada se organiza la X edición de la exposición” África a boligrafo” en Roma. Será la más importante de las que hicimos, porque tendrá mucha repercusión. Ya hice 70 dibujos de los que quedan 20 y 7 nuevos que estoy preparando para llevar todos a Roma, a la Isola Tiberina, donde San Juan de Dios tiene un hospital.”

Es entonces cuando Javier saca una carpeta llena de dibujos y a mí me entran hasta nervios de ver lo que empieza a extender por la mesa. No me atrevo ni a tocarlos. Solo hago fotos mientras él habla sobre ellos.

“La arquitectura hoy no es tan artesanal como antes. Los ordenadores hacen que pocos arquitectos sepan dibujar. Aunque también hay arte en usar los ordenadores, yo soy incapaz.”

“Empecé a dibujar con bolígrafo un día que no tenía otro material a mano, ni óleos, ni carboncillos… Mis libros de estudiante siempre terminaban hechos un asco de garabatos y dibujillos por todos los márgenes, para tirarlos al final del curso.” Lástima.

Su llegada al programa de Bertín Osborne la cuenta como una casualidad debida a sus amigos, algo en lo que no creo ante su obra. Hay casualidades con causa. Un enamorado de Velázquez, sevillano de Semanas Santas, Ferias de Abril, Rocíos con su Hermandad de Gines… Un sevillano que se cortó la coleta cuando Curro se cortó la suya; y dejó de acudir a las plazas el mismo día que el Faraón se despidió de los ruedos. Se fue Curro y se fue Javier ¡Qué arte, por Dios!

Un hombre al que acompaña una guitarra que toca su esposa, Myriam García de Tejada. Más arte y más amor, el amor que ha dado dos hijas. Dos preciosas niñas que su padre dibuja a Bic empezando siempre por sus ojos, como si la vida tuviera su origen en las miradas.

Me despido, muy a mi pesar, con una frase de otro sevillano y poeta, al cual hoy tengo que dar la razón. Gustavo Adolfo Bécquer, entre tinta y tinta, entre poesía y dibujo, entre sus rimas y los trazos de Valeriano.

“La pintura es un medio de expresión hacia lo inefable, superando a la escritura.”

(Dedicado al Hospital San Juan de Dios. Y mi ruego de que entren en su enlace. Gracias.)

https://www.sjd.es/?q=info-cooperacion-internacional

Gracias, Javier.