No puedo callar ahora. No puedo cerrar los ojos y morir. No puedo parar las hormigas. Deshago los hielos rozando el vidrio de la copa, que no se acabe este vino nunca. El siguiente dilata el tiempo. Un poco más, poco. Como el agua en mi copa, poco. Pero contigo. En la noche ya sólo recuerdo un poema… «En cada bocanada de aire que entra en mi pecho va impregnado el aroma de ese beso furtivo que nunca nos dimos».