Me mandaron canciones para ti. Te dije que no dijeras nada.
Te gustó recibir las notas.
Luego mandé su poema.
Te gustó la palabra «bárbara».
O quizá fue «sensualidad».
Esas las escribí yo, para ti también.
Siguieron más notas.
Después palabras.
Silencios a ratos.
Tus razones a trozos.
Y la música se convirtió en roces.
Me dormí entre tus tangos.
Echándote de menos.
Eso lo cantó él, no yo.
Me estaba avisando y yo dormía. No lo entendí.
Descansa, me siguen mandando canciones para ti.
No lo olvides, aunque no me entiendas.
Aunque no me conozcas.
Escribiste «mi vida»…
No lo pasé por alto.